Raíces que resisten, voces que inspiran: una fiesta por la memoria y la diversidad

La Institución Educativa Presbítero Luis Rodolfo Gómez Ramírez sede Liceo de El Santuario vivió el pasado 21 de mayo una significativa jornada de conmemoración del Día de la Afrocolombianidad, un espacio donde el arte, la música, la danza y la palabra se unieron para reconocer la riqueza cultural y humana de las comunidades afrocolombianas y para celebrar la diversidad como una de las mayores fortalezas de nuestra comunidad educativa.

La actividad, realizada en la cancha auxiliar de la sede Liceo, reunió a estudiantes, docentes, directivos y artistas formadores en torno a un gran picnic cultural cargado de colores, tambores, movimiento y experiencias compartidas. Manteles, frutas, dibujos, sonrisas y ritmos afrodescendientes transformaron el espacio escolar en un escenario vivo de encuentro, memoria y convivencia.

La jornada fue orientada por los maestros de ceremonia Yismary Sánchez, del grado 8E, y Omar Elías Ochoa, del grado 10C, quienes acompañaron cada momento con sensibilidad y entusiasmo, resaltando el valor histórico y cultural de la afrocolombianidad para nuestro país y para nuestra institución.

Uno de los momentos más significativos fue la intervención del estudiante Brayan Duque Duque, del grado 11D, quien compartió una reflexión profunda y emotiva sobre la resistencia de las comunidades africanas y afrodescendientes a lo largo de la historia. En sus palabras dejó un mensaje que tocó profundamente a los asistentes:

 

“Los seres humanos somos como un jardín; entre más colores tenga ese jardín, más bonito es.”

Con esta imagen sencilla y poderosa, Brayan recordó que las diferencias no nos separan, sino que hacen más hermosa y valiosa la experiencia de vivir juntos.

La música y la danza se convirtieron en protagonistas de la jornada gracias al trabajo de los semilleros liderados por la artista formadora Carolina Aristizábal Usme y al acompañamiento del programa Artes para la Paz. Ritmos como el Dancehall, la Champeta Africana, la Champeta Urbana, la Cumbia, el Bullerengue y el Mapalé llenaron el escenario de energía, identidad y memoria, permitiendo que los estudiantes reconocieran en el cuerpo y en el movimiento las huellas vivas de la herencia africana en Colombia.

La experiencia también abrió espacio para otras formas de expresión artística. Las estudiantes Jhelen Dadiana Quintana Higuita, Sofía Salazar y Catalina López presentaron una muestra de dibujos inspirados en la cultura afrocolombiana, donde los colores, los rostros y las formas reflejaron la fuerza, la belleza y la diversidad de las raíces afrodescendientes.

 

Uno de los momentos más emotivos de la jornada fue el homenaje realizado a Totó la Momposina, quien falleció el pasado 19 de mayo y dejó un legado invaluable para la música y la cultura colombiana. Lejos de realizar un minuto de silencio, la comunidad educativa decidió honrar su memoria a través de la música, el baile y la alegría, comprendiendo que para muchas comunidades afrocolombianas la muerte también es un rito de memoria, celebración y continuidad de la vida.

Mientras sonaba El Pescador, estudiantes y docentes bailaron juntos como una manera de agradecerle a Totó haber llevado al mundo entero los sonidos de los tambores, los ríos y las voces ancestrales del Caribe colombiano. Fue un homenaje lleno de vida, profundamente coherente con el espíritu de una mujer que convirtió la tradición y las raíces afrocolombianas en patrimonio cultural universal.

La jornada concluyó con un taller participativo de baile y movimiento, donde la comunidad compartió desde el cuerpo, el ritmo y la alegría, reafirmando que la escuela también es un territorio para el encuentro, la inclusión y la construcción colectiva de paz.

Más que una celebración, esta conmemoración se convirtió en una experiencia pedagógica y humana que permitió reconocer que la diversidad cultural no es una diferencia que deba ocultarse, sino una riqueza que debe ser valorada, compartida y defendida.

Porque cuando una comunidad aprende a escuchar otras voces, a bailar otros ritmos y a reconocer otras historias, también aprende a construir un mundo más humano, más plural y más hermoso.

 

Por Carlos Julio Duque Montoya

 

Docente Líder Proyecto Administrativo

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